Tipos de temblores
La
causa de un temblor es la liberación súbita de energía dentro de una
región confinada del interior de la Tierra. Atendiendo al tipo de
energía
liberada durante un proceso sísmico,
los sismos pueden ser tectónicos o volcánicos.
Se ha observado que la energía de deformación elástica se libera en la
medida necesaria para dar lugar a sismos de gran magnitud. De esta
manera, sismos relacionados con liberaciones de energía de deformación
elástica reciben el nombre de sismos tectónicos. Las fallas o fracturas
en la corteza cuyos desplazamientos relativos se pueden observar
directamente, están asociados con sismos superficiales. Para temblores
de foco profundo, donde las temperaturas y presiones son elevadas, se
cree que cambios súbitos de volumen, asociados con cambios de fase en
la composición de los materiales e inestabilidad de flujo de calor,
podrían ser explicaciones de su origen.
Los
sismos volcánicos están directamente relacionados con
la actividad volcánica de una región de la Tierra.
Usualmente su magnitud no excede de 6.5 grados, pero pueden ser muy
dañinos cuando son muy superficiales. El origen de la energía
que causa este tipo de sismos puede ser químico y cinético,
asociado este último a los movimientos magmáticos bajo
los volcanes. Por otro lado, también las explosiones de los
gases que se llevan a cabo durante la erupción de los volcanes
dan lugar a sismos de poca intensidad. Otra posibilidad más es
la creación de esfuerzos compresivos en la corteza, debida al
movimiento ascendente de la cámara magmática por
efectos boyantes. Tanto el incremento en frecuencia de estos sismos
como la migración de focos a la superficie pueden ser
indicativos de una inminente erupción. Estudios acerca de este
tipo de actividad sísmica ayudan a prevenir grandes
catástrofes.
Enjambres y réplicas
Frecuentemente
se observa que siguiendo a un fuerte temblor ocurre una serie de
temblores pequeños a los cuales se les ha dado el nombre de réplicas.
La magnitud y número de estas réplicas depende del tamaño del evento
principal, notándose en algunos casos que la magnitud de la réplica
mayor es alrededor de un orden de magnitud menor que la magnitud del
temblor principal. La duración de una serie de réplicas es muy variable
pudiendo ser de horas, días o de hasta más de un año, como fue el caso
de la serie de réplicas que siguió al gran terremoto de Alaska en 1964.
La zona que comprende los epicentros de las réplicas se conoce como la
zona epicentral o área de réplicas y sus
dimensiones son indicación de las dimensiones de la ruptura asociada
con el temblor principal.
En
algunas regiones (California, Baja California, Golfo de California,
Japón, Alemania, América del Sur) han ocurrido grandes
series de temblores de diferente magnitud que no han seguido de un
evento principal. A estas series de temblores, en las que ninguno de
los eventos destaca como sismo principal, se les conoce como
enjambres de temblores. Actividad
sísmica de este tipo se observa principalmente en regiones de
actividad volcánica.
Temblores
y Tectónica de Placas
Los
epicentros de los temblores que ocurren a diario en todo el mundo no
se distribuyen aleatoriamente sobre la superficie de la Tierra. La
actividad sísmica global se concentra en bandas o zonas
estrechas, continuas y sinuosas, las cuales definen las fronteras de
alrededor de las 15 o más placas tectónicas
que constituyen la parte más superficial de la Tierra. La
configuración geométrica de esta estructura de mosaicos
no es simétrica ni simple, y se caracteriza por un movimiento continuo
relativo de sus elementos. Estas placas colisionan en
algunas zonas y se separan en otras, desplazándose con una
velocidad de movimiento relativo entre ellas de entre menos de 1 cm y
unos 10 cm por año. Aún cuando estas velocidades
parecen bajas, es posible que las placas se desplacen unos 75 km en
sólo un millón de años, un intervalo corto
geológicamente hablando. A medida que éstas se mueven, se
acumula tensión en la parte más superficial de la
Tierra. Con el tiempo, en las fallas existentes a lo largo de los
bordes de las placas o cerca de ellos se originan desplazamientos
abruptos y se producen temblores. Después de cada temblor se
inicia nuevamente el ciclo de recarga de tensión que dará lugar
a sismos futuros. La interacción global entre las placas es la
causa de la continua actividad sísmica en nuestro planeta.
Una
placa tectónica (o placa
litosférica) es una gran capa de roca sólida, de forma
irregular y generalmente compuesta de material oceánico y
continental. Su tamaño puede variar de unos cientos a miles de
kilómetros cuadrados; las placas del Pacífico y
Antártica están entre las de mayores dimensiones. El
espesor de las placas varía considerablemente, pudiendo ser de
unos 15 km en litósfera oceánica joven a unos 200 km o
más en litósfera continental vieja (por ejemplo hacia
el interior de Norte y Sur América).
La
teoría que explica el proceso cinemático y las
implicaciones de los movimientos relativos entre placas se conoce
como Tectónica de Placas.
Esta teoría evolucionó de la hipótesis de la
dispersión del fondo oceánico y fue claramente
establecida entre los años 1963-1967. Una contribución
muy importante a la hipótesis de la Tectónica de Placas
fue proporcionada por la sismología. Con base en un gran
número de sismos ocurridos entre 1961 y 1967, Barazangi y
Dorman (1969) delinearon las múltiples zonas de actividad
sísmica del mundo. Estas zonas sísmicas, estrechas,
continuas y que nunca se cruzan, marcan las fronteras de varias
placas rígidas que encajan perfectamente unas con otras para
constituir la superficie entera de la Tierra. A primera aproximación,
estas placas no se deforman internamente, sino que toda la
deformación ocurre en sus fronteras que es donde se llevan a
cabo los deslizamientos relativos entre ellas (Actualmente se sabe
que, aunque a un nivel menor, es posible que exista deformación
en el interior de las placas). Los epicentros de los temblores son la
información disponible más precisa para la ubicación
de las fronteras entre placas. La distribución de placas, por
otro lado, nada tiene que ver con la distribución de océanos
y continentes, por lo que bien pueden existir placas constituidas de
porciones oceánicas y porciones continentales.
Factores que contribuyen a los daños
causados por los terremotos
Los daños causados por un
terremoto son el resultado de factores tales como la magnitud
del terremoto, la duración del movimiento del suelo, el tipo
de suelo y el tipo de construcción. La
duración del movimiento sísmico depende de la magnitud
del temblor, de la distancia que existe entre quien lo percibe y el
epicentro, y de la geología en el sitio del observación.
Las oscilaciones sísmicas pueden durar 3 veces más en
suelos blandos (sedimentos) que en suelos rígidos (granito).
En el caso de edificios
altos los efectos del temblor se sentirán también por
más tiempo. La duración del movimiento más
intenso del suelo puede ser de entre 10 y 20 segundos cuando la
magnitud del temblor es de 6 a 7. Para terremotos de magnitudes
mayores que éstas las vibraciones que causan los daños
materiales pueden durar hasta 40 ó 50 segundos. Ciertas
construcciones no son suficientemente resistentes al movimiento
lateral que ocasionan los terremotos, y mientras más tiempo
oscilen más severo será el daño que éstas
puedan sufrir. Los temblores no se pueden prevenir, pero el daño
que éstos pueden causar puede ser reducido con un diseño
apropiado de las estructuras, con programas de prevención ante
emergencias, con la concientización de la población y
con construcciones edificadas con un buen estándar de
seguridad.
Información sobre temblores y sus efectos - Parte I
Información sobre temblores y sus efectos - Parte II
Información sobre temblores y sus efectos - Parte III
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